miércoles, 23 de julio de 2014

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Me gusta caminar en la noche, me gusta porqué mi nariz se enfría. Esculco entre mis bolsillos, debo buscar calor porqué tengo las manos frías y no estás para meter mis manos entre tu camisa. Mi mirada fijada en mis pasos, mi corazón palpitando metafóricamente en pedazos y me pregunto ¿Dónde habrá quedado la mujer que solía ser? 
Seguir caminando, las canciones que alborotan los recuerdos, presiento que mi aleatorio me odia, unas canciones crean sonrisas otras por el contrario me hacen un charco en los ojos y respiro, sigo. Tengo ganas de bailar toda la noche, de besarte lento, de abrazarte por la espalda, de dormir en cucharita pero estoy aquí en medio del frío, contando los pasos, jugando a no pisar la línea, volviendo un poco a ser niña. Me cuestiono, hace mucho no hago una carta, hace mucho no sostengo una mirada, una mano, hace mucho perdí la costumbre de querer bonito, de las llamadas largas, de los sonrisas furtivas, de los atardeceres abrazados, de los helados y los cines, perdimos esa costumbre de querer bien y no mucho, porqué el querer depende de la calidad no de la cantidad, porqué ahora querer es una vil competencia, absurda y patética. Seguí caminando y abrí mis brazos al viento, y el frío citadino no se compara con el frío que crean las despedidas, los ultimos abrazos, esos besos que se dan cansados, la costumbre, ese frío que te pasa por la espalda cuando se te hacen agüita los ojos y debes pasar saliva y tragarte eso que te esta carcomiendo los pensamientos. Se siente bien caminar por la ciudad un noche de frío, contigo mismo, caminar solo y pensar, recordar, darte cuenta de lo sobrevaluado que estas, darte cuenta que no eres nada en esta inmensa ciudad y que aunque te haces el fuerte, aquí estas, temiendole a tus propios demonios. 

sábado, 19 de julio de 2014

*

La venta rota, sus labios partidos, la pared quebrada, sus ojos perdidos, la cama arrugada, su alma gastada, mis ganas implícitas, las botellas vacías, su cuerpo tentador, mis tangas mojadas, su besar despacio, nuestros cuerpos entrelazados. 
Entre besos le pedí que se quedara, movió su cabeza en negación, las excusas empezaron a abundar y accedí, prometí que no lo buscaría que quizá esperaría a que se cansara de la vida y volviera a mí. Su despedida siempre era la misma un sopló de nicotina en mi cara, un beso en la frente y uno que otro apodo un tanto güevon pero siempre acogedor. Un día me había cansado de esperar que fuera permanente pero todo al rededor de él era temporal, esporádico como su mirar. El pasar de los días, el extrañar su sonrisa, el querer enredarme de nuevo en las sabanas, el necesitar de un amor mentiroso, el vicio constante de un querer cobarde y la búsqueda incesante de hallar formas de convencimiento para que un día me dijera buenos días y no -te veré después-.No podía dejarlo, tenía el cuerpo marcado, tenía los labios llenos de sus besos, tenía la materia gris llena de él. 
Como describir eso que el me hacía sentir, todo tan metafísico, físico, químico, energético. Nada como su lengua recorriendo mis cordilleras, su pupila dilatada buscando unos labios que morder, sus manos trazando un mapa en mi espalda y encontraba un tesoro en medio de gemidos y rasguños. Verlo dormir, tranquilo, dejando la ciudad de lado, dejando sus vicios de la puerta para afuera. Estaba hecho para mí, su pecho para mi descanso, sus labios para mis labios, sus manos para mis manos, su tranquilidad para mis impulsos, su ropa para mi frío, su lengua para mis ganas, sus manos para mis caderas, sus pasos para mi camino, sus palmas para mis nalgas, sus besos para mis ganas de que se quedara. 

jueves, 15 de mayo de 2014

...

¿Era lo correcto quedarme ahí, tan envuelta en su mirada o debía partir? 
Es muy poco tiempo para tantas preguntas. Es mucho lo que siento para tan pocos besos y tan pocas palabras, esto es demasiado para un corazón que ya fue lastimado.
Basto conocerlo para quererlo; solo me abrazo para asegurarse que luego de que me soltara mis pensamientos se irían volando con él, me abrazo para que su olor a cigarro y dolor corriera por mis venas y de una manera inexplicable yo quisiera quedarme a su lado para protegerlo de algo que en ese instante ignoraba, y que ahora aun no logro comprender. 
Me besa para atarme cada vez más a él, a su pasado, a su mirada perdida, a su mente tan ida. Me sujeta la mano para llevarme por su mismo camino, quizá para que no lo deje solo. 
Pero tengo miedo, de sentir más para un adiós más que obvio, un adiós que ahora implícito se va dando. 
Y no entiendo ¿Para que llegó? Porqué mejor evito un día hablarme, un día enredarme, un día hacer cada una de las cosas que poco a poco me llenaron las manos de ilusiones junto a él. 
El comienzo fue tomar su mano, caminar a su lado, levantar la mirada, fijarla en él, sonreír al escuchar su risa, siempre tan dolida, escucharlo siempre tan mío. Me rodeaba con sus brazos, fuertes y cansados del pasado, me rodeaba el mundo y dejaba por fuera cualquier sentimiento de temor, me abrazaba los vacíos, me abrazaba las ataduras que aun me ligaban a amores de antaño y me liberaba en sus brazos. Me besaba y yo cerraba los ojos, señal de pérdida ante sus labios. Mientras me besaba sujetaba mi cintura, ya tan seguro que me debilitaba hasta su forma de tocarme. No esperaba que te quedarás pero sí esperaba tenerte aquí más tiempo, más besos, más risas, más nosotros. El final fueron sus palabras cortantes, sus miradas evasivas, sus palabras no dichas, sus abrazos no dados, sus besos cansados, su risa gastada y mi actitud siempre malinterpretada. 
Quise poder recostar de nuevo mi cabeza en su pecho, dejar caer mi ser al suelo por acostarme a su lado, hundirme en su aroma, desvanecerme en la piel del hombre al que apenas empece a querer... Me frenó, todos sus demonios se agolparon contra mí y dijeron no, quizá desde el comienzo lo hicieron, pero me negué, al igual que él.

viernes, 7 de marzo de 2014

Inconstancias culpables.

´´No se quien esta peor, tú que vas y vienes o yo que cada vez que te vas vuelvo a esperarte.``
Tu falta de constancia en la historia siempre fue el peor de tus tantos defectos, ningún otro me molestaba tanto como ese; ese ir y venir de palabras y promesas que al final siempre estuvieron a medias. Jamás te importe más de lo que solía darte, puesto que en este punto no me vas a negar que no te gustaba sentirte relevante, tal como yo te hacía sentir. No pediré perdón por haberme ido, no es algo que lamente, es más, es algo que hoy me hace sentir completa ¿por qué? Sí, fue maravilloso estar lejos, decir adiós, liberarme de esta historia ya tan rota. Me gusto dejar de sentirme amada a medias. Me gusto ver nuevos horizontes. Me gusto levantarme y no preguntarme si hoy te quedarías o solo me cambiarías. 
El día en que decidí marcharme no fue fácil pues era abandonar a quien tanto amaba que a pesar de todo en el fondo me necesitaba, pero al pensarlo bien dolía saber que habían más contras que pros. Estaba cansada, estaba tan lastimada, estaba ya tan sofocada de tanta inconstancia que a pesar de haber intentado ya dejarte eso fue lo único que funciono. 
Volverás, tal como las anteriores veces, me dolerá decirte que no estoy dispuesta, que ya me he ido, y que no volverás a tener a la mujer anterior a la que ahora soy. Tuve que dejar de lado mis sentimientos, mis sueños a tu lado, mis esperanzas de cambio, mis ganas de seguir, mi falta de voluntad para irme, deje tantas cosas para decidir un adiós que me dolía más a mí, quizá en ese momento no te importo (ahora tampoco) porqué ya existía quien supliera mi falta, alguien que sin resentimientos y a mi parecer te quiere, de una manera exorbitante, que convierte su amor en nulidad de voluntad, pero alguien que al igual que tú convierte su autoestima en un egocentrismo insoportable para personas como yo. 
Hoy aun me vibra el alma con un sentimiento que te perteneces, pero a diferencia del pasado, no te quiero de vuelta, no te espero, ya no me aguarda en tu llegada el sentimiento infernal de sentirme subyugada a un amor que no nos pertenece. 
Me gusta estar así, tan abierta a nuevos horizontes y dejando de lado todo lo que un día me hirió, dejando las preocupaciones externas a mi vida, tan libre, tan sonriente sin causa, tan llena de lo que un día me quitaste, tiempo y vida.